Vestirte para expresar tu identidad

En cada una de sus fotos Mario se enfrenta a estereotipos. Hacer cosas que a simples ojos solo deberían ser para mujeres: “yo creo que la cultura trasciende, no se puede quedar estática… la cultura avanza con el tiempo, las sociedades se van reinventando, pero el origen siempre está ahí presente”

Las expresiones de la comunidad LGTB alrededor del mundo son vibrantes, coloridas y diversas.  Bajo la consigna de libertad buscan hacer frente a prejuiciosos y estigmas. Están llenas también de historias como la de Mario Ramírez, Oaxaqueño que ha encontrado en el uso del Huipil, una prenda de importante tradición en México y usada por mujeres, una manifestación de que la cultura trasciende al género. Y que el amor por sus orígenes es más fuerte que cualquier estereotipo.

Ser gay en Latinoamérica es un camino con diversos matices. Mario a través de un proyecto fotográfico con huipiles de diversas regiones le pone su propio toque. Ha logrado mostrar parte de esa riqueza cultural que guardan los pueblos originarios y que desde tiempos prehispánicos ya existía. “A muchas personas no les gusta, pero yo siempre he dicho la ropa no tiene genero”.

La palabra huipil proviene del náhuatl “huipilli” que significa blusa o vestido adornado. Los bordados pueden ser geométricos, con figuras humanas, de animales o plantas, y en cada pueblo indígena que lo usa le pueda dar un simbolismo distinto.

Y en cada una de sus fotos se enfrenta a los estereotipos. Hacer cosas que a simples ojos solo deberían ser para mujeres: “yo creo que la cultura trasciende, no se puede quedar estática… la cultura avanza con el tiempo, las sociedades se van reinventando, pero el origen siempre está ahí presente”.

Mario cuenta que su amor por los huipiles y textiles Oaxaqueños se detonó un día al salir de su trabajo. Una mujer proveniente de Teotlitan del Valle, otra región de Oaxaca que se destaca por sus textiles los vendía un reboso que lo cautivó.

Ahí comenzó su revolución personal. Nunca volvió a saber de ella, pero recuerda ese momento como su primer contacto con un rasgo tan característico de su cultura: “una forma de tener identidad como Oaxaqueño es a través de tu vestimenta. Así comenzó mi gusto por los textiles”.

Una cosa llevó a la otra. Como un proyecto entre amigos llegó el día de su primera sesión de fotos portando un huipil. Maquillista, fotógrafo, y un amigo que tenía los vestuarios. Las primeras fotos llegaron a las redes sociales, y sin darse cuenta ya pensaban en el siguiente proyecto fotográfico.

Pero no todo ha sido sencillo, cuando las fotos comenzaron a darse a conocer en su trabajo no les pareció correcto: “no les gustaba que me estuviera vistiendo de mujer, cuando lo que yo estaba haciendo era una expresión artística. Al final me despidieron”.

Hasta ahora lleva treinta y tres huipiles fotografiados. Unos prestados, unos comprados. “Ahorita estoy ahorrando para el de Jalapa de Díaz”. Habitantes de los pueblos originarios comenzaron a contactarlo para que usara su huipil característico, pues cada región tiene prendas únicas.

Me contaban la historia. Era un ritual muy bonito. Creo que es algo que no se ve en las fotografías. Desde la manera en que te arreglan, la que te va a trenzar es la que trenzaba en el pueblo y es la que sabe hacer el tocado: “te vas a poner este huipil que es mi de abuela que es un bordado antiguo que ya nadie más lo hace”.

Es nutriólogo de profesión, aunque su verdadera pasión siempre ha sido la gastronomía. Oaxaca se caracteriza por tener una de las gastronomías más interesantes de México, por sus ingredientes, diversidad y utensilios usados.

“Así comenzó mi viaje. Me encanta la comida tradicional, así que fue la escusa perfecta para también aprender de las cocineras tradicionales”.

Asegura que tanto la cocina, como las indumentarias son parte de la identidad: “no hay que perderlos, creo que esas razones son por las que he decidido ser así. A mi no hay nada más que me complazca que enseñarles a las personas lo que soy: mis orígenes”.

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