Una artesana en comunión con la tierra

En Santa María Atzompa, Oaxaca, Rufina Ruiz nos abre las puertas de su taller —y su pensamiento—, contagiándonos su amor por el barro.

“Tuve la fortuna de nacer, crecer y comer del barro. Para mí es lo más sagrado”, cuenta Rufina Ruiz, artesana oaxaqueña. Nos recibe en su taller, en Santa María Atzompa, una comunidad que se dedica a la alfarería utilitaria y artística desde hace más de 2 mil años. El municipio está ubicado en Oaxaca, uno de los estados más ricos en biodiversidad y cultura al sur de México, muy cerca de la zona arqueológica de Monte Albán. 

Rufina, una mujer elocuente y reflexiva, siempre ha estado en contacto con la tierra. Jugando con el barro, sin saberlo, comenzó su camino como artesana, más o menos a los cinco años de edad. Asegura que, incluso desde que estaba en el vientre de su madre, comenzó esta conexión tan especial que la hace sentir orgullo por sus raíces y por este oficio al que describe no solo como ancestral, sino sumamente dadivoso.

“Para mí, la tierra es aliada de nosotros. Es un vientre virginal, el cual nos da muchísimos frutos para poder sobrevivir”. Incluso dejó una carrera como profesionista para seguir su pasión por esculpir, por su amor al barro, y ahora apuesta por generar mayor economía social y seguir siendo un proyecto sustentable.

“Siempre he dicho que los límites no se los pongan en la cabeza, porque no existen límites”.

Play Video

Historia de familia

“Mis manos significan la parte más esencial de mí”.

Saber trabajar la tierra, transformarla, es un conocimiento que en la familia de Rufina se ha transmitido por décadas. Actualmente, ella y sus hermanas representan la quinta generación que sigue con el Taller Ruiz López, donde además dan trabajo a otros miembros. “Somos un equipo de fútbol”, bromea.

Su pasión por esculpir tiene el ejemplo materno. “La historia que más me ha marcado, dentro de mi poca o larga existencia, es la enseñanza de mi madre”, narra la artesana, “desde que ella se sentaba a trabajar frente a mis hermanas y yo era muy pequeña, la veía trabajando en cazuelas gigantes y veía cómo movía sus manos. Siempre tengo guardado esa historia en mi memoria que es la que me motiva también”.

Otro aliciente importante para trabajar sus piezas está en su profunda fe espiritual. “Solo Dios es el que mueve los hilos dentro de nosotros, y la inspiración más grande es la vida, la naturaleza”, nos explica.

 

Otro aliciente importante para trabajar sus piezas está en su profunda fe espiritual. “Solo Dios es el que mueve los hilos dentro de nosotros, y la inspiración más grande es la vida, la naturaleza”, nos explica.

Como otras mujeres artesanas, Rufina comprende de una manera única su relación con los elementos naturales. “Reconoces las vetas de barro que hay en los cerros”, por ejemplo. Y, a través de su propia experiencia, impulsa a sus compañeras. “Todas nacemos en un oficio. Hemos trabajado arduamente con la Madre Tierra y el consejo que les doy es que nunca desistan. Que triunfen sus ideales, que sueñen”.

Leave a Comment

Open chat