La Nochebuena: el regalo navideño que México le dio al mundo

 

Tus ojos no podrán dar crédito a tanta belleza. Ante tus pies se encuentra un hermoso tapete verde adornado con fascinantes detalles rojos que se pierden en el horizonte. Está tan simétricamente acomodado que forma un majestuoso rectángulo perfecto. Sacas tu celular y decides capturar el momento para inmortalizarlo. Has llegado a los invernaderos de Xochimilco, un lugar con una vista casi mágica cubierto por miles de plantas de nochebuena. 

No es de extrañarse que cada fin de año este lugar, ubicado al sur de la Ciudad de México, se llene de familias que buscan decorar su casa con nochebuenas para darle un toque navideño a su hogar. 

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El rojo y el verde son los colores que simbolizan la Navidad en todo el mundo y también son los colores de esta flor, una de las más bellas e importantes de México, por eso desde hace decenas de años se ha asociado a las celebraciones decembrinas con esta planta. Si la celebración de navidad fuera una marca registrada, la nochebuena sería su flor oficial. 

Fueron tierras mexicanas las que vieron nacer a esta planta tan admirada en distintos países. Desde la época prehispánica se tienen registros de la nochebuena. Se dice que antes de la llegada de los españoles, los mexicas ya adornaban Tenochtitlán — la urbe prehispánica construida sobre un lago que ahora es la Ciudad de México — con miles de plantas de nochebuena. Los pueblos prehispánicos la usaban como ofrenda para sus dioses.

En aquella época, antes de 1521, era conocida como ‘Cuetlaxóchitl’, lo que podría significar ‘flor que se marchita’, esto debido a que solo se puede apreciar su belleza durante pocas semanas a fin de año. La flor se usaba en rituales y ceremonias religiosas porque representaba pureza y renacimiento para los guerreros caídos en batallas. Pero también era utilizada para hacer tintes y como medicina para tratar problemas en la piel, inflamaciones musculares y enfermedades respiratorias, incluso se daba a las mujeres que amamantaban para que aumentar la producción de leche materna. 

Se cree que fueron los monjes franciscanos los que durante el la época colonial notaron que la planta florecía cuando llegaba la Navidad, por eso la eligieron como símbolo de estas fechas, adornaron las iglesias católicas con ella y cambiaron su nombre: dejó de ser ‘Cuetlaxóchitl’ para convertirse en ‘Nochebuena’ o ‘Estrella de Navidad’, como también se le conoce. 

Años después, en 1822, Joel Roberts Poinsett, primer embajador de Estados Unidos en México, encontró en Taxco, Guerrero, un campo lleno de nochebuenas, le impactó tanto la belleza de la flor que se llevó varias a su país y se dedicó a producirlas bajo el nombre de Poinsettia. Fue así como la nochebuena llegó a tierras estadounidenses, sin embargo no se reconoció su origen mexicano y durante muchos se pensó que eran nativas de Estados Unidos. 

“Lo que pasa es que la belleza se contagia, pues todo el mundo quiere algo bonito, algo bello. Así como nosotros nos hemos apropiado de muchas cosas de otros países, pues también ellos se han apropiado de cosas nuestras”, dice Julen Ladrón de Guevara, cronista de mercados y especialista en temas culturales.

Además explica que gracias a los mexicanos migrantes en Estados Unidos ha crecido la fama de esta flor en aquel país. “Una de las cosas que sientes cuando no estás en tu patria es la necesidad de tener tus sabores, tu comida y congregarte con las personas que tienen tus mismos códigos y para muchos, su código es la nochebuena”. 

Actualmente México ocupa el cuarto lugar a nivel mundial en superficie cultivada de nochebuena: son 248 hectáreas en todo el país, producidas principalmente en invernaderos como los que se encuentran en el barrio de Caltongo en Xochimilco, un lugar rodeado por un sistema de canales que son usados para sembrar hortalizas y para paseos turísticos, donde se siembran cerca de 20 mil nochebuenas cada año. 

Julen Ladrón de Guevara, cronista de mercados y especialista en temas culturales.
Martha Patricia Gómez

Martha Patricia Gómez, es una floricultora de ese barrio, trabaja en el invernadero San Marcos y desde que era niña aprendió el arte de producir nochebuenas. “Estas plantas que ven ustedes dan vida, me llena de satisfacción saber que estoy dando vida a un nuevo ser porque las plantas son seres vivos. Ser floricultora para mí es un orgullo ya que es una tradición que viene de mis abuelos y mis padres y ahora nos toca a nosotros. Espero que en un futuro mis hijos también sigan trabajando esta labor tan hermosa”. 

En México la nochebuena genera aproximadamente 15 mil empleos y deja una derrama económica de 700 millones de pesos al año. Es por eso, que buena parte de la economía de Xochimilco —cuyo nombre significa ‘Campo de Flores’— se basa en la floricultura.

“La verdad es un espectáculo, vale la pena venir a ver especialmente cómo está ahorita la nochebuena sembrada aquí”, dice Julen Ladrón de Guevara.

Pero algo que muchos no saben es que las nochebuenas tienen una gran variedad de colores además del rojo que las caracteriza. En los invernaderos de la zona podemos encontrar nochebuenas rosas, naranjas y amarillas, esto debido al proceso de pigmentación que utilizan los floricultores. 

Las nochebuenas son un orgullo mexicano. Estas plantas que se siembran desde marzo en los distintos invernaderos y se venden a final de año en los mercados de la ciudad, ha embellecido cientos de calles y miles de hogares alrededor del mundo. Cada vez más personas admiran su elegante colorido. Y personas como Martha Patricia que trabaja diariamente para que sus plantas estén perfectas hacen que el mundo sea un lugar un poco más bello. 

La flor de nochebuena es el regalo navideño que México le dio al mundo. 

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