Día de la Virgen de Guadalupe: la fiesta religiosa más grande de México

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Written by Roger Vela / Photos: Alejandro Echevarria

“Para mí la virgen significa todo en mi vida, es una parte de mí y es la persona que siempre ha estado al lado mío en tiempos difíciles y siempre me acompaña y yo se que nunca me abandona”

 

 

Un frío día de diciembre Maribel Soto decidió detener su caminata y se arrodilló. Hizo una oración, se persignó y continúo avanzando durante 200 dolorosos metros solo apoyada en sus rodillas. Cada paso era más difícil que el anterior, el duro concreto golpeaba sus huesos y articulaciones, pero ella se mantenía firme en su objetivo. Para no caer, a veces apoyaba sus brazos en sus hijos, quienes la acompañaban y animaban. Después de algunos minutos llegó. El lastimoso recorrido había terminado. Había conseguido llegar a las puertas de la Basílica de Guadalupe.  

 

La Basílica de Guadalupe es el templo religioso más importante de México. Fue construida entre 1974 y 1976, su edificio principal mide 7,800 m2 y su plaza es un poco más pequeña que la Plaza de San Pedro en el Vaticano. Su campanario tiene 48 campanas y mide 23 metros de alto.

Cada año, durante las festividades en honor a la Virgen de Guadalupe, recibe a cerca de 9.8 millones de fieles. Aunque su día es el 12 de diciembre, desde principios de ese mes acuden millones de peregrinos procedentes de varias ciudades y pueblos de todo el país para celebrarla.


Desde hace siglos, la Virgen de Guadalupe es la representación católica más venerada en todo México. El mito de su creación se remonta a diciembre de 1531 — 10 años después de la conquista española —, cuando supuestamente la virgen se le apareció a un indígena llamado Juan Diego en el Cerro del Tepeyac, al norte de lo que hoy es la Ciudad de México, y le dijo que deseaba que su templo fuera construido ahí mismo. Como prueba de su aparición, la virgen estampó su figura en el ayate de Juan Diego, una especie de manta que servía para recolectar las cosechas.

El templo fue construido donde indicó la virgen a inicios del Siglo XVIII. Después, en el Siglo XX, se construyó la nueva Basílica donde ahora se exhibe el ayate de Juan Diego. 

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Ahora cada 12 de diciembre el país se paraliza y celebra en su honor. Ese día, es común escuchar a los mariachis cantarle las mañanitas desde que el reloj marca las 12 am. En muchas casas la gente ofrece cenas en su honor. Muchas calles en toda la Ciudad de México son cerradas para ofrecer misas y alimentos a los devotos. En las cientos de estaciones de metro y paraderos de camiones se hacen grandes fiestas para festejar a la llamada Reina de México, Emperatriz de América, nombre que fue dado por los papas Píos X y Píos XII,  por su gran devoción a lo ancho de América Latina e incluso en los Estados Unidos.

Pero este año fue distinto. La pandemia por Covid-19 que azota al mundo obligó a las autoridades de la ciudad a suspender los festejos y a cerrar la Basílica de Guadalupe durante varios días y así evitar las conglomeraciones para evitar contagios entre la población.

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Maribel Soto es una señora de unos 50 años originaria de la Ciudad de México. Lo que hizo — avanzar de rodillas por el atrio del templo hasta las puertas de entrada — es algo común entre los devotos de la Virgen de Guadalupe. La mayoría lo hacen para mostrar arrepentimiento, humildad y para pagar alguna manda, es decir cumplirle una promesa a la virgen por realizarles un milagro: desde curar a algún familiar enfermo hasta resolver alguna situación económica complicada. En el caso de Maribel, fue por ayudarle a liberar a su hijo de la cárcel por un crimen que no cometió.

“Para mí, entrar de rodillas significa pagar de una forma el dolor que ella sintió al entregar a su hijo. Vengo porque estoy muy agradecida con ella. Porque la virgencita siempre me ha sacado de muchos problemas y tengo una fe infinita con ella. A mi hijo lo detuvieron injustamente y pues le imploré que me lo regresara y gracias a Dios se hizo justicia”, dice Maribel. 

Este año, los fieles previeron la suspensión de festejos en la Basílica, por eso acudieron días antes de manera ordenada, respetando los filtros sanitarios que se colocaron, para poder estar cerca unos minutos de la figura religiosa más querida de México. 

Maribel acude desde que era niña y este año no fue la excepción. “Mis padres me inculcaron venir a misa, agradecerle siempre a la virgen y a Dios y darle gracias por un nuevo día, por respirar, por oír, por sentir, por oler, por todo”.

Después de atravesar de rodillas el atrio del templo; Maribel pasó unos minutos rezando y agradeciendo a la virgen por la liberación de su hijo. Luego acudió a una pequeña capilla al lado de la Basílica para ser bendecida con agua bendita. Más tarde entró a la Basílica para persignarse enfrente del ayate de la Virgen de Guadalupe.

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Como el ayate es el punto más importante del templo, desde hace algunos años, las autoridades colocaron bandas peatonales, como las que hay en los aeropuertos, para que la gente pueda hacer una oración breve sin amontonarse abajo de la imagen.

La devoción que le tienen los mexicanos a la Virgen de Guadalupe, es una de las veneraciones religiosas más importantes en todo el mundo. Incluso el templo ha sido visitado por distintos Papas en varias ocasiones. Además, el indio Juan Diego fue convertido en santo por la iglesia católica en 2002.

“Para mí la virgen significa todo en mi vida, es una parte de mí y es la persona que siempre ha estado al lado mío en tiempos difíciles y siempre me acompaña y yo se que nunca me abandona”, dice Maribel antes de retirarse. 

Y es que quizá no haya algo a lo que los mexicanos le tengan más amor que a la Virgen de Guadalupe. 

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